
Decía Graham Greene que “escribir es una forma de terapia”. Y añadía: “A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, los que no componen música o pintan, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humana".

Y acaso para superar este pavor existencial, cada uno anhela su refugio creativo: un amigo mío busca la foto perfecta de sus viajes, de su isla o se arranca con el cajón emulando la mejor percusión africana; un primo muy querido (valga la redundancia) dibuja como los ángeles; muchos compañeros escriben sus impresiones en blogs (como yo) o en cuadernos de bitácora homéricos (como mi excelso hermano, que es un Quijote cuerdo) o confeccionan vídeos o traman proyectos experimentales o retan a la cotidianeidad; y así, las personas sueltan la adrenalina con el arte, el entretenimiento y el ingenio. Sospecha, pues, de aquellos que pierden el tiempo o carecen de inquietudes: a mi juicio, tiran la vida por la borda, la regalan al tedio y a la inhóspita desidia.
Ah, el otro día viví un momento muy cinematográfico. La escena: un servidor espera a su álter ego bajo la lluvia torrencial en Madrid. Diez p.m., glorieta de Bilbao, concierto a la vista. En mis manos, “After Dark” de Murakami. En mi rostro, la curiosidad, el vuelo de la imaginación, los sueños de una noche de otoño. Y entonces llega Noemí y lo eclipsa todo. (¿Qué música pondríais a la secuencia?)

Más terapias en este puente de octubre: gran viaje a Salamanca; sol deslumbrante, calor, ambiente pletórico en las calles de una de las ciudades más hermosas del mundo. Nuestra familia canaria encuentra la rana de la universidad, la suerte está echada, paladeamos carne exquisita, la cena nos retrotrae a una casa de los años cuarenta, luce dorada la Plaza Mayor y el huerto de Calisto y Melibea respira aún un aroma primaveral. Vuelta al ruedo madrileño y más sofoco, amparo de dioses egipcios y terrenales, milla del séptimo arte, sabrosa comida hindú, incursión por el laberinto de Malasaña, recuerdos de la resistencia civil y la progresía más crápula, Guiness nostálgica y más planes. Risas a deshoras, carcajadas espontáneas, charlas interminables, paseos agotadores y felicidad ante estas pequeñas cosas que dan el sentido a la vida.
Feliz semana. Gracias por la ayuda.
Como decíamos ayer… escribir es una forma de terapia.