13 octubre, 2009

Terapia

Decía Graham Greene que “escribir es una forma de terapia”. Y añadía: “A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, los que no componen música o pintan, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humana".

Y acaso para superar este pavor existencial, cada uno anhela su refugio creativo: un amigo mío busca la foto perfecta de sus viajes, de su isla o se arranca con el cajón emulando la mejor percusión africana; un primo muy querido (valga la redundancia) dibuja como los ángeles; muchos compañeros escriben sus impresiones en blogs (como yo) o en cuadernos de bitácora homéricos (como mi excelso hermano, que es un Quijote cuerdo) o confeccionan vídeos o traman proyectos experimentales o retan a la cotidianeidad; y así, las personas sueltan la adrenalina con el arte, el entretenimiento y el ingenio. Sospecha, pues, de aquellos que pierden el tiempo o carecen de inquietudes: a mi juicio, tiran la vida por la borda, la regalan al tedio y a la inhóspita desidia.

Ah, el otro día viví un momento muy cinematográfico. La escena: un servidor espera a su álter ego bajo la lluvia torrencial en Madrid. Diez p.m., glorieta de Bilbao, concierto a la vista. En mis manos, “After Dark” de Murakami. En mi rostro, la curiosidad, el vuelo de la imaginación, los sueños de una noche de otoño. Y entonces llega Noemí y lo eclipsa todo. (¿Qué música pondríais a la secuencia?)

Más terapias en este puente de octubre: gran viaje a Salamanca; sol deslumbrante, calor, ambiente pletórico en las calles de una de las ciudades más hermosas del mundo. Nuestra familia canaria encuentra la rana de la universidad, la suerte está echada, paladeamos carne exquisita, la cena nos retrotrae a una casa de los años cuarenta, luce dorada la Plaza Mayor y el huerto de Calisto y Melibea respira aún un aroma primaveral. Vuelta al ruedo madrileño y más sofoco, amparo de dioses egipcios y terrenales, milla del séptimo arte, sabrosa comida hindú, incursión por el laberinto de Malasaña, recuerdos de la resistencia civil y la progresía más crápula, Guiness nostálgica y más planes. Risas a deshoras, carcajadas espontáneas, charlas interminables, paseos agotadores y felicidad ante estas pequeñas cosas que dan el sentido a la vida.
Feliz semana. Gracias por la ayuda.

Como decíamos ayer… escribir es una forma de terapia.

5 Comments:

Anonymous Anónimo said...

hola chaval, tengo que felicitarte porque el artículo es magistral.

Lo han leído unas compañeras de trabajo, y les ha gustado muchísimo. A nosotros nos ha encantado, no se puede hacer un resumen del viaje tan bueno con tan pocas palabras, felicidades amigo. Por cierto estamos a miércoles y todavía no he terminado de centrarme en la rutina, se les echa de menos por estos mundos.

Estamos en contacto.
T y G - Gran Canaria.

14 octubre, 2009  
Blogger Colorín said...

Me encanta la ilusión que desprenden tus comentarios. Tampoco yo puedo entender a la gente que no sabe captar la magia que rodea nuestra maravillosa existencia, a mi juicio, esa es la mayor de las pobrezas y sólo hay una forma de combatirla: CULTURA

14 octubre, 2009  
Blogger Andrés Sudón said...

Me imagino la música que le pondría a todo... Además reconozco esos momentos, entre la plaza mayor y el huerto de Calixto y Melibea, en la glorieta de Bilbao antes de un concierto...
un abrazo, amigo.

15 octubre, 2009  
Anonymous Anónimo said...

JORGE!!

La terapia es fabulosa, una escritura limpia y llena de personalidad de los pies a la cabeza. Acabo de leer tus impresiones y me parecen llenas de energía, vitalidad y optimismo, cosa que no se estila hoy en día, ni en las personas ni en el ambiente...así que te pido la conserves siempre!, y la alimentes con una inspiración femenina llamada Noemí q te quiere.

Besos,
Alicia.

16 octubre, 2009  
Blogger Jorge G. Palomo said...

Queridos amigos, lectores y cómplices: es un honor recibir vuestros comentarios y compartir estas terapias tan gratificantes.
Gracias por doquier. Disfrutemos el fin de semana y hasta la próxima huida.
Siempre vuestro,
Jorge.

16 octubre, 2009  

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